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domingo, 10 de marzo de 2019

Las tres bodas de Manolita

Voy a empezar esta entrada confesándome. Si no fuera por mi amiga Nora seguiría diciendo que a mí, Almudena Grandes, ni fú ni fá, a pesar de ser una de las autoras más leídas de nuestro país. Por eso le dedico la entrada de este mes a ellas, a Nora y a Almudena, la primera por recordarme que todo el mundo merece una segunda oportunidad y la segunda por redimirse con méritos propios. 

Y sin más dilación, entro en faena con mis disertaciones: 

Autora: Almudena Grandes (1960 - )
Título: Las tres bodas de Manolita
Editorial: Tusquets, 2014
Páginas: 768

Resumen:

En los buenos tiempos, las chicas se casan por amor. En los malos, no siempre pueden elegir. En el Madrid recién salido de la guerra civil, sobrevivir es un duro oficio cotidiano. Especialmente para Manolita, una joven de dieciocho años que, con su padre y su madrastra encarcelados, y su hermano Antonio escondido en un tablao flamenco, tiene que hacerse cargo de su hermana Isabel y de otros tres más pequeños. A Antonio se le ocurrirá una manera desesperada de prolongar la resistencia en los años más terribles de la represión: utilizar unas multicopistas que nadie sabe poner en marcha para imprimir propaganda clandestina. Y querrá que sea su hermana Manolita, la señorita «Conmigo No Contéis», quien visite a un preso que puede darles la clave de su funcionamiento. Manolita no sabe que ese muchacho tímido y sin aparente atractivo va a ser en realidad un hombre determinante en su vida. Pero antes deberá descubrir quién es el delator que merodea por el barrio.

Reflexiones y disertaciones personales de Criska World sobre Las tres bodas de Manolita


Antes de meterme en harina me gustaría dejar una nota a los lectores. Estando como están las aguas en nuestro país, con las susceptibilidades a flor de piel y el espectáculo circense del fantasma de Franco paseándose del Valle de los Caídos a la Almudena, por no hablar de la panda de cachondos que tuvo la idea de recoger firmas para llevarlo a la Sagrada Familia de Barcelona, resulta complicado abordar el comentario de una novela sobre la guerra civil. Por eso quiero que no quede duda de que este es, ante todo y sobre todo, un blog de libros y yo una simple aficionada a la lectura. No es mi intención hacer verter ningún tipo de opinión política en este blog. 


¿Cómo puede no gustarte Almudena Grandes?, me interpeló con pasión mi amiga. Intenté justificarme explicando por qué me mostraba reticente en cuanto a su autora favorita. Le conté que uno de sus libros más conocidos "Malena no es un nombre de Tango", me pareció tan soporífero que no fuí capaz de terminarlo (y estoy hablando de una época en la que, con la pedante tenacidad de mi juventud, me obligaba a concluir todo libro que empezase, allá fuese la Crítica de la razón pura de Kant). ¿No te has leído El corazón helado?¿Y las edades de Lulú, su primera novela?, continuó incrédula. Me di cuenta de que había leído ambas; "Las edades de Lulú", en el instituto, a escondidas, como todas mis amigas de entonces (supongo que en aquellos años era el equivalente de las "50 sombras de Grey", pero sin ser basura). Mi primer jefe fue quien me prestó "El corazón helado", y a pesar de que han pasado muchos años, recuerdo cómo el libro no sólo me gustó, sino que disfruté leyéndolo. Sin embargo, no se me había ocurrido relacionar ambos títulos con la autora de Malena. A esas alturas de la conversación, Nora ya me había hecho pensar que, igual, la Grandes no era tan terrible. Pero para burra yo. Así que expuse el siguiente motivo de mi resistencia: la temática omnipresente en muchas de sus obras, la guerra civil española, no suele ser santo de mi devoción. Creo que la literatura y el cine español están saturados con el tema y por hastío, no suelo interesarme en novelas que lo traten.

Poco después de aquella conversación me sorprendí comprando "Los besos en el pan", y gracias a ello, no siendo su mejor obra, a mis ojos apareció otra Almudena Grandes. Así que continué con "Inés y la alegría" para asegurarme de que mi nueva percepción no era un espejismo, a pesar tener un argumento de los que no suelo elegir. Tuve que darle la razón a mi amiga. Me gustó. Mucho. Y, como Forrest Gump, ya no paré de correr hacia Almudena. Le siguieron "El lector de Julio Verne" y, como no hay dos sin tres, terminé sucumbiendo a las "Tres bodas de Manolita". Tenía que hacerlo porque, como otros miles de lectores, me he enganchado a su serie Episodios de una Guerra Interminable. Este ambicioso proyecto comenzó en el 2010 y pretende estar formado por seis novelas centradas en  la posguerra. El último título publicado de la serie, para los interesados, está en las librerías desde el año pasado y lleva por título "Los pacientes del Doctor García".

 "Las tres bodas de Manolita" es una historia coral sobre los años más duros de la inmediata posguerra. En un Madrid pobre y desolado, se despliega un tapiz de vidas y destinos que, de no ser por el conflicto, difícilmente habrían llegado a cruzarse. Algunas de estas vidas son reales, otras imaginarias, pues como en sus anteriores novelas Almudena Grandes juega con los hilos de la ficción y la realidad. Los hechos históricos en los que se apoya para desarrollar la trama, son el envío de dos multicopistas desde el partido comunista en la clandestinidad de Bilbao a sus compañeros madrileños. Así lo explica en el primer capítulo, que a modo de ensayo novelado, introduce al lector en el contexto histórico, informándole, de paso, de que algunos de sus protagonistas son absolutamente reales. Éste es el caso de Roberto Conesa Escudero, un oscuro personaje que forma parte de lo peor de nuestra historia reciente, perteneciente a la temida Brigada político-social de la era franquista y responsable de multitud de detenciones durante el régimen del dictador. Conesa murió en 1994, por lo que personalmente me parece muy valiente, y complicado, atreverse a poner pensamiento a un hombre que murió antes de ayer y cuyo legado sigue andando por la calle (literalmente, pues se dice de este señor que fue el mentor del tristemente célebre "Billy el Niño"). Igual es una cosa rara mía, pero yo siempre he necesitado más tiempo y perspectiva para abordar un personaje. No obstante, en lo que a la ficción de la novela se refiere, el malo cumple con creces su función. Es absolutamente abyecto.

En esta historia los héroes no son convencionales. Su marginalidad y sus distintas relaciones con Manolita les unen, a pesar de sus diferencias. Un homosexual cuyo amor no es correspondido, una bailarina indómita de flamenco convertida en miliciana y hasta un aristócrata anarquista que monta en su palacete una insólita comuna, son algunos de los muchos personajes que desfilan por la novela ante la mirada de su protagonista. Manolita a veces les cede espacio a sus compañeros de reparto, puesto que Almudena Grandes también dedica algunos capítulos a desentrañar sus historias personales y, de paso, deja respirar entre un capítulo y otro a la pobre muchacha, asediada por la fatalidad.

"Dios aprieta y además, ahoga". Es la frase que la vida le ha enseñado a Paco "La Palmera", y que define a la perfección la sucesión de desdichas a las que son sometidos los protagonistas, porque aquí sufre hasta el apuntador. En mi opinión, ésta es la parte más emocionante de la novela, no la del sufrimiento, sino la red de solidaridad que se teje entre completos desconocidos cuando se ven sometidos a una situación extrema. El hambre y la guerra sacan lo peor de las personas, pero también lo mejor, y el ser humano es capaz de encontrar amor y dignidad hasta entre los muros de una prisión, porque eso es lo que nos hace libres a pesar de las penurias. Especialmente conmovedora es la atención que la autora dedica a las mujeres que visitan a sus presos y establecen vínculos en la cola de la cárcel.

En cuanto al estilo de la Grandes no voy a decir nada que os sorprenda: se nota que es perra vieja y tiene muuuchas tablas. Su prosa está repleta de metáforas y relaciones imposibles de conceptos que en su pluma adquieren sentido pleno. Como en las canciones de Sabina. Y aunque la primera sea escritora y el segundo músico, emplean recursos similares a la hora de crear sus símbolos. Esa sucesión de imágenes se demora hasta lo imposible, con párrafos largos, sin puntos a la vista, pero que sin embargo, permiten al lector situarse en el centro del pensamiento de los personajes. Almudena Grandes escribe, y describe, sin seguir una línea recta, de modo que alguien con menos oficio conseguiría que el lector se perdiese entre el bosque de frases subordinadas insólitas.  

A pesar de haberme reconciliado con la autora, si tuviese que ponerle nota a su novela tendría serias dudas sobre si concederle un aprobado alto o un notable bajo, ya que me ha parecido la más floja de la serie. Cuesta un poco entrar en la historia, pero es cierto que, una vez que lo haces, las páginas vuelan solas.

La última de mis reflexiones puede ser extensiva a su serie Episodios de una guerra interminable, que ella misma clasifica dentro del género de novela histórica. Todo lo que narra, como ya se ha mencionado, está basado en la realidad; al final de cada libro explica cuál ha sido su bibliografía de referencia o incluso, a qué personas ha entrevistado. En “Las tres bodas de Manolita”, concretamente, el personaje de Isabel, hermana menor de Manolita, está basado en la vida de una mujer a quien la autora conoció en un acto de homenaje a la República. Porque sí, Almudena Grandes no esconde su tendencia política y proclama orgullosa que es republicana. Para escribir se apoya sus creencias y el corazón, algo que a priori no es malo, muy al contrario, el sentimiento subjetivo es uno de los principales instrumentos de la creación artística. Pero hablando de historia, las creencias, en mi humilde opinión, hacen que a veces simplifiquemos en exceso las cosas. Habiendo señalado el exceso de celo subjetivo de la autora, decir que probablemente contaría con la aquiescencia de uno de los grandes, don Miguel de Unamuno, quien al ser acusado de no ser objetivo en sus planteamientos, se defendió contestando que si era subjetivo se debía que él era un sujeto, siendo del todo imposible que fuera objetivo, no siendo ningún objeto.

¿Y a qué lectores les recomendaría yo este libro? A cualquiera que conozca y siga la trayectoria de Almudena Grandes, para no perderla de vista. A los aficionados a la novela histórica en general e incluso, a algunos aspirantes a escritores, para que tomen nota de los muchos y muy interesantes recursos literarios de su autora.







sábado, 19 de enero de 2019

Medio sol amarillo

Me hace especial ilusión dedicarle esta entrada a una de las autoras con las que más he disfrutado en los últimos meses y de la que me confieso admiradora incondicional. Si yo tuviera Instagram hasta la seguiría. Me refiero a la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, una talentosa escritora que espero nos deje muchas más novelas. De momento tiene cuatro, un par de obras de teatro, un libro de poesías y un brevísimo ensayo que está teniendo mucho éxito y difusión "Porqué todos deberíamos ser feministas". Medio sol amarillo es su segunda novela.


Autor: Chimamanda Ngozi Adichie (1977 - )
Título: Medio sol amarillo
Editorial: Literatura Random House, 2006
Pag. 544

Resumen:

Medio sol amarillo recrea un período de la historia contemporánea de África: la lucha de Biafra por conseguir una republica independiente de Nigeria, y la consecuente guerra civil que segó la vida de miles de personas. Con gran empatía y la naturalidad de una narradora comprometida, Chimamanda Ngozi Adichie recrea la vida de tres personajes atrapados en las turbulencias de la década: el joven Ugwu, empleado de la casa de un profesor universitario de ideas revolucionarias; Olanna, la hermosa mujer del profesor, que por amor ha abandonado su privilegiada vida en Lagos para residir en una polvorienta ciudad, y Richard, un joven y tímido inglés que está enamorado de la hermana de Olanna, una mujer misteriosa que renuncia a comprometerse con nadie. A medida que las tropas nigerianas avanzan, los protagonistas de esta historia deben defender sus creencias y reafirmar sus lealtades. Medio sol amarillo es una novela épica y magistral, que cuestiona el colonialismo, las alianzas étnicas y la responsabilidad moral de un conflicto apoyado por las potencias mundiales.

Reflexiones y disertaciones personales de Criska World sobre Medio sol amarillo

¿Alguna vez habéis visto por la tele, embobados, el patinaje sobre hielo? Siempre me asombra la levedad y la gracia de las patinadoras, que parecen flotar por la pista desposeídas de peso, desplazándose y girando al ritmo de la música. Sus movimientos son fluidos, naturales y aparentemente tan faltos de dificultad que por unos instantes caes en la trampa de pensar que tú también serías capaz de volar por el hielo. Hacen que algo extraordinariamente complicado parezca sencillo. Tuve esa misma sensación la primera vez que leí una novela de Chimamanda, donde las palabras parecen deslizarse sin dificultad por las páginas. Por eso me gusta tanto. Es una narradora eficaz, sincera, carente de afectación y hace que leer sus historias sea un placer sencillo, fácil. Y es que cuanto más leo y escribo más me convenzo a mí misma de que “menos es más”, que la literatura no tiene porqué ser un intrincado laberinto de retórica y complicadísimas metáforas en las que el lector se puede sentir perdido y abrumado. Una historia está tan bien escrita en la medida en la que cualquier lector, independientemente de su edad, formación o ámbito geográfico, sea capaz de sumergirse en ella, hacerla suya, comprenderla. ¿Acaso no va la narrativa de eso: de contar historias que conecten con la gente?

No se me escapa el hecho de que quizás, a algunos de vosotros, el resumen de Medio sol amarillo os ha podido “tirar pa’tras”. Yo misma, de no haber leído la novela “Americanah” y a raíz de ahí haber investigado un poco sobre la autora, hubiera pensado: ¿pero qué me recomienda esta loca? ¿una novela histórica sobre la guerra de Biafra, un país extinto que no sabría situar en el mapa? ¿pero qué voy a tener yo en común con un chaval de una aldea remota o con una mujer de Lagos? Pero creo que si os animáis y decidís asomaros a las vidas de los protagonistas, unas pocas páginas después le habréis cogido cariño a Uwgu, un muchacho trabajador con un afán de superación y una inocencia casi cómica; os sentiréis identificadas con Olanna, culta, independiente y con la necesidad de complacer a todos cuantos la rodean, incluso llegareis a admirar la pasión y determinación con la que Onedigbo defiende sus ideas revolucionarias. Richard os inspirará lástima, tan blanco y tan inglés que se pasa media novela como Hamlet, corroído por la duda y la inseguridad, tratando de buscar su verdadera identidad, mientras que Kainene, áspera y segura, hace tiempo que asumió la suya: la gemela mala; porque Adichie es tan buena dibujando la personalidad de cada uno de ellos que el lector tiene la sensación de oírles hablar, de modo que al finalizar la novela os iríais a tomar unas cañas incluso con ese personaje que al principio os caía un poco gordo. La clave está en la empatía y la sensibilidad con la que los trata, sin despojarlos de su humanidad ni siquiera cuando se ven zarandeados y destrozados por las circunstancias. 

La autora divide la historia en cuatro capítulos. El primero y el tercero se desarrollan a principios de los años sesenta, mientras que el segundo y el cuarto tienen lugar a finales de la década, en pleno conflicto bélico. Ésta estructura no sólo ayuda a contextualizar las circunstancias históricas que dieron lugar a la guerra de Biafra, sino que favorece a la creación y crecimiento de los protagonistas, a los que el lector tiene la oportunidad de observar en su estado natural, comportándose, sintiendo y viviendo el día a día de una rutina pacífica, antes de verse sorprendidos por la guerra.  En este sentido, destacaría la capacidad de Chimamanda para transmitirnos la crudeza de los enfrentamientos, sin suavizar situaciones y a veces pintando imágenes realmente duras, pero nunca recreándose en el morbo o la violencia gratuita. La autora se muestra valiente y crítica a la hora de exponer y analizar el sufrimiento de la población civil, que procede no sólo del hostigamiento y las bombas de las tropas enemigas, sino también de la manipulación e irresponsabilidad de su propio gobierno, haciendo creer a los biafreños que ganarían una guerra perdida de antemano. No trata de esconder el embrutecimiento y constantes abusos de los soldados que debían proteger a su pueblo, aquellos que lucían en su uniforme el medio sol amarillo, el mismo que aparecía en la bandera de Biafra y que da título al libro.

Creo que ante el entusiasmo mostrado desde el principio de la entrada no os quedará ninguna duda de a quien recomendaría esta novela: a todos los lectores, especialmente a aquellos que necesiten un empujoncillo para mirar más allá de su propio entorno. Todos, de vez en cuando, deberíamos echar un vistazo más allá de nuestras fronteras para darnos cuenta de que el talento, afortunadamente, existe a lo largo del vasto mundo. 

Me gustaría hacer una reflexión que nada tiene que ver con la literatura pero que es inevitable cuando tienes en tus manos un libro de una autora africana. En un primer momento me pareció increíble que una pareja nigeriana de los años sesenta tuviera un modo de vida tan similar al mío. Olanna y Onedigbo tienen estudios universitarios, viven en una casa llena de comodidades, montan fiestas con sus amigos y, antes de la guerra, su actitud es despreocupada, tienen problemas parecidos a míos. Acto seguido no pude evitar sonrojarme moralmente al darme cuenta de que mi admiración procedía de la visión sesgada y casi siempre negativa que en el mundo occidental tenemos del continente africano. Pero claro, qué voy a saber yo, si crecí viendo en la tele imágenes de guerra y miseria que servían para que, una vez al año, cuando nos repartían en el cole un sobre azul y blanco de “Manos Unidas” destinado a la recaudación de fondos para los niños de África (así, en general, como si fuera un único país, y no un enorme continente mucho más grande que Europa), nos acordásemos del bombardeo mediático para que el sobre fuera repleto de monedas. Una vez cerrado el sobre no volvía a acordarme de África, al fin y al cabo sólo era una niña. De mayor tampoco pienso mucho en el tema, excepto cuando, por unos pocos segundos, aparece en las noticias otra matanza o la figura de un niño con la tripa como un balón, y ni me molesto en mirar en el mapa dónde vive ese niño o en leer un poco sobre cómo ha llegado a esa situación. Tengo una ligera noción de la historia reciente de Sudáfrica, Mandela y el apartheid, gracias las muchas pelis que se han hecho sobre el tema, sé que el Congo antes se llamaba Zaire porque mi prima tuvo la ocurrencia de bautizar así a su perro, mi visión sobre el genocidio de Ruanda procede de otra película que me conmocionó y como mucho sé algo de los animales que pueblan el Serengueti gracias a los documentales de La2 (por fin, un conocimiento que no tiene que ver con guerras y catástrofes). Podría seguir pero iba a resultar extremadamente vergonzoso a la par que aburrido. 

Terminaré  esta entrada con una anécdota absolutamente real. Hace más de veinte años, contando yo quince entrañables primaveras, para mejorar mi inglés pasé unas semanas con la familia de un pastor protestante en Bedford, al sur de Inglaterra. Tengo un gran recuerdo de ellos, eran extremadamente amables y simpáticos y sentían mucha curiosidad por todo cuanto pudiera contarles de España. Cuando volví a mi casa, entre escandalizada y divertida, le conté a mi familia algunas de las conversaciones que tuve durante mi estancia en aquella casa. En ellas, siete británicos, dos adultos y cinco niños, me sometían a largos interrogatorios que yo no podía entender: ¿teníamos televisión en mi casa? ¿y aparato de vídeo? ¿la gente en España sabe conducir? Se mostraron absolutamente fascinados y algo decepcionados con cada una de mis respuestas: en mi casa había tres teles, dos vídeos y hasta un ordenador y una video consola; la gente es España no sólo sabía conducir sino que incluso algunas familias tenían más de un coche… ¿pero qué diablos les enseñaban en el colegio a los británicos sobre España? LA respuesta vino en forma de libro de texto que un día me enseñó orgulloso el hijo mayor de la familia, que tenía mi misma edad; en su libro los adolescentes de Bedford aprendían español traduciendo frases como ésta: “Cuando vaya a Madrid compraré una peineta y visitaré el Museo del Prado”, “Paco va a la plaza por las mañanas montado en su burro”.

Cada uno que haga sus conclusiones…

Gracias Chimamanda. Por tu maravillosa forma de escribir y de contar historias. Ni te imaginas cuánto estoy aprendiendo contigo.



A modo de postdata os dejo una breve conferencia de la autora que merece mucho la pena, en ella habla de los peligros de los que ella define como “La historia única"

viernes, 14 de diciembre de 2018

El primer hombre de Roma

Esta entrada se estaba haciendo de rogar, pero que queréis impacientes lectores, el degustar una novela de las dimensiones de "El primer hombre de Roma" no se puede hacer a la ligera ni mucho menos rápido. ¿Porqué? Ahhh... tendréis que quedaros leyendo para averiguarlo.


Titulo: El primer hombre de Roma
Editorial: Planeta
Pag: 820

Reseña:

Colleen McCullough nos traslada a los primeros siglos de la civilización occidental y traza un espléndido cuadro de la Roma Republicana. La historia se inicia en el 110 aC con dos grandes ambiciosos cuyo único y decidido objetivo es llegar a ser el primer hombre de Roma: Mario y Sila. Uno es plebeyo y de mediana edad, enardecido por la confianza en sus dotes y el enriquecimiento que ha logrado; el otro, un joven y apuesto aristócrata corrompido por la pobreza. Aquel un militar disciplinado y soberbio, y éste, un desvergonzado epicúreo. Mario se casa por interés para favorecer su carrera política, y Sila por amor. Ambos pugnan el este primer episodio por el poder y la gloria.

Reflexiones y disertaciones de CriskaWorld sobre El primer hombre de Roma

Antes de empezar cabría hacer una mención a la autora y su extensa obra, ya que el libro que nos ocupa es el primero de una serie más amplia titulada “Hombres de Roma”. La colección se compone, nada más y nada menos, por siete voluminosos ejemplares no aptos como lectura de viaje, ni si quiera en edición de bolsillo, si el lector no desea terminar con una dolorosa contractura muscular. El motivo de esta lesión es múltiple: por un lado es duro cargar con las más de ochocientas páginas que de media tiene cada libro, peso que aumenta considerablemente dado el abrumador conocimiento de la antigua Roma del que hace gala la autora; por otro, la trama se nos muestra tan absorbente que no podremos levantar el cuello hasta no tenerlo dolorido. No en vano Colleen McCullough es una de las más afamadas escritoras de novela histórica y en esta primera entrega de su espectacular saga demuestra porqué. 

Con esta serie se pretende dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿cuales fueron las causas que llevaron a Roma, orgullosa de sus siete siglos de sistema republicano y alérgica a todo lo que oliese a monarquía, a erigirse en un gran imperio? ¿Como llega una sociedad gobernada por hombres elegidos democráticamente - cónsules, senadores, tribunos de la plebe, censores... y un amplio etcétera que McCullough despliega como un mosaico con el que nos hacemos a la idea de la complejidad de la burocracia romana - a regir sus designios conforme a la única figura del emperador? En definitiva, ¿qué es lo que ocurrió para que la todopoderosa Roma entonase al unísono eso de: "Ave, César".

Las causas son ya visibles desde este primer episodio, donde el lector obtiene el retrato de una república cercana al colapso por la corrupción y el inmovilismo de las clases dirigentes. Roma estaba convencida de que su supervivencia sólo sería posible con la obstinada permanencia de sus tradiciones y cualquier atisbo de cambio era rechazado taxativamente; si eso significaba que las clases privilegiadas, los patricios, utilizasen su carrera política para enriquecerse a manos llenas, que así sea. A ello le añades el hostigamiento constante de los pueblos germanos y que para hacer frente a la amenaza se eligió a hombres que antepusieron su orgullo y su beneficio personal a la vida de miles de soldados romanos, que así sea, porque así se construyó Roma. Pero bien encaminados, lo que se dice bien encaminados... me da a mí que no iban.

Este es el trasfondo general que vemos a través de los ojos de sus dos protagonistas: Mario y Sila, personajes magníficamente bosquejados y tan diferentes entre sí que McCullough podría haber optado por convertirlos en antagonistas, sin embargo aquí las diferencias hacen que ambos funcionen como un tamdem de complementarios unidos por su ambición por llegar a lo más alto.

Junto a Cayo Mario y Sila aparece todo un elenco de personajes secundarios que no languidece ni lo más mínimo frente a la sombra de sus protagonistas. Todos y cada uno de los hombres y mujeres que aparecen en la novela cumplen de formas brillante su papel, todos tienen su cometido preciso en esta complicadísima trama de intrigas y corruptelas, ya sea arropando o intentando destruir a los héroes, cuando no sucumbiendo ellos mismos a manos de los protagonistas, si eso facilita su ascensión. Y es que en la antigua Roma nadie está libre de pecado y el fin siempre justificó los medios, así que el lector asistirá a todo tipo de manipulaciones, alianzas interesadas, sobornos, asesinatos... Con desolación he de decir que, a excepción del asesinato, encontramos situaciones sospechosamente parecidas en la actualidad que podríamos leer en cualquier periódico, de tal modo que, a mi juicio, lo que más impresiona de esta hitoria es la reflexión inevitable de que en dos mil años no hemos cambiado tanto. No en vano somos hijos de Roma y muchas de nuestras costumbres son heredadas y si no, no teneis más que mirar a vuestro alrededor para daros cuenta "ipso facto" (aqui os teneis q imaginar un par de emojis que guiñan).

Si bien el trasfondo de la novela es, como ya se ha mencionado, la desintegración de la república, durante toda la trama asistiremos al conflicto entre el afán reformista de Cayo Mario y el recalcitrante tradicionalismo de sus enemigos en el senado. Este tira y afloja por momentos tiene visos de "perro del hortelano", pues si bien asistimos a las constantes zancadillas que sufre Mario, sus enemigos no tienen más remedio que morderse la lengua y envenenarse con ella cuando se dan cuenta que el talento militar de su oponente es la única salvación de Roma.

Y hablando de talentos militares... he aquí donde personalmente creo que se encuentra el punto débil de la novela: McCullough quiere ser tan exhaustiva y rigurosa que nos cuenta con todo detalle las estrategias militares y campañas bélicas, todas ellas reales. Lo siento en el alma, pero mi falta de interés por la historia bélica hizo que algunos de estos pasajes se me hiciesen excesivamente tediosos. Tanta batalla, especialmente hacia el final de la novela, acabó poniendo la nota gris en una novela que por todo lo demás, me ha parecido estupenda. Entendedme, cuando ya te has ventilado seiscientos paginones ponerse puntillosa con que si fueron, avanzaron, retrocedieron, se pegaron un poquito y luego se replegaron... Terminas desconectando. Pero bueno, esto es una rareza mía, alguna carencia tenía que tener...  Por lo demás creo que es una novela histórica estupenda. Mencionar, en este punto, para quitar el mal sabor de boca de las "batallitas", lo bien que recrea la vida cotidiana de los romanos: sus costumbres, modo de vida, incluso gustos gastronómicos, toda una plétora de detalles que sin duda sorprenderán a los aficionados a la historia más exigentes.

Este afán documental llevó a incluir al final del libro un detallado glosario, ilustraciones y mapas realizados por la propia autora así como la explicación detallada de porqué optó mostrar algunos pasajes de una forma determinada. Echándole un ojo a tales glosarios y, sobre todo, a las explicaciones, McCullough nos demuestra que muchos de acontecimientos y situaciones que plantea van más allá del terreno de la ficción para convertirse en sólidas hipótesis históricas. El hecho de no incluir una bibliografía tiene que ver tanto con una cuestión práctica (no deseando añadir más peso con el que agravar las hipotéticas contracturas de sus lectores), como metodológica, pues no es uso o costumbre incluirlas en una novela. No obstante, por si hubiere algún incrédulo de que sus fuentes son poco fiables. como quien no quiere la cosa, así como quien te dice que a lo mejor luego se pasa por el súper a por dos kilos de naranjas, te hace mención a Plutarco y Cicerón, o a las memorias de uno de sus propios protagonistas: Sila. Y aquí, permitirme ser un poco soez, sí que terminas por orinarte.

Hemos llegado al final de esta entrada, por lo que sólo me falta emparejar al libro con su lector. En este caso, el público afortunado que recibiría mi recomendación sería amplio dada la gran aceptación de la novela histórica. Además, como seguro que todos sabréis, Roma está de moda gracias a mi admirado Santiago Posteguillo. Si a todos nos hablasen tan bien y con tanta pasión del pasado como saben hacerlo Colleen McCullough o el mencionado Posteguillo, a nadie en su sano juicio se le ocurriría decir  que la Historia es aburrida.