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domingo, 10 de marzo de 2019

Las tres bodas de Manolita

Voy a empezar esta entrada confesándome. Si no fuera por mi amiga Nora seguiría diciendo que a mí, Almudena Grandes, ni fú ni fá, a pesar de ser una de las autoras más leídas de nuestro país. Por eso le dedico la entrada de este mes a ellas, a Nora y a Almudena, la primera por recordarme que todo el mundo merece una segunda oportunidad y la segunda por redimirse con méritos propios. 

Y sin más dilación, entro en faena con mis disertaciones: 

Autora: Almudena Grandes (1960 - )
Título: Las tres bodas de Manolita
Editorial: Tusquets, 2014
Páginas: 768

Resumen:

En los buenos tiempos, las chicas se casan por amor. En los malos, no siempre pueden elegir. En el Madrid recién salido de la guerra civil, sobrevivir es un duro oficio cotidiano. Especialmente para Manolita, una joven de dieciocho años que, con su padre y su madrastra encarcelados, y su hermano Antonio escondido en un tablao flamenco, tiene que hacerse cargo de su hermana Isabel y de otros tres más pequeños. A Antonio se le ocurrirá una manera desesperada de prolongar la resistencia en los años más terribles de la represión: utilizar unas multicopistas que nadie sabe poner en marcha para imprimir propaganda clandestina. Y querrá que sea su hermana Manolita, la señorita «Conmigo No Contéis», quien visite a un preso que puede darles la clave de su funcionamiento. Manolita no sabe que ese muchacho tímido y sin aparente atractivo va a ser en realidad un hombre determinante en su vida. Pero antes deberá descubrir quién es el delator que merodea por el barrio.

Reflexiones y disertaciones personales de Criska World sobre Las tres bodas de Manolita


Antes de meterme en harina me gustaría dejar una nota a los lectores. Estando como están las aguas en nuestro país, con las susceptibilidades a flor de piel y el espectáculo circense del fantasma de Franco paseándose del Valle de los Caídos a la Almudena, por no hablar de la panda de cachondos que tuvo la idea de recoger firmas para llevarlo a la Sagrada Familia de Barcelona, resulta complicado abordar el comentario de una novela sobre la guerra civil. Por eso quiero que no quede duda de que este es, ante todo y sobre todo, un blog de libros y yo una simple aficionada a la lectura. No es mi intención hacer verter ningún tipo de opinión política en este blog. 


¿Cómo puede no gustarte Almudena Grandes?, me interpeló con pasión mi amiga. Intenté justificarme explicando por qué me mostraba reticente en cuanto a su autora favorita. Le conté que uno de sus libros más conocidos "Malena no es un nombre de Tango", me pareció tan soporífero que no fuí capaz de terminarlo (y estoy hablando de una época en la que, con la pedante tenacidad de mi juventud, me obligaba a concluir todo libro que empezase, allá fuese la Crítica de la razón pura de Kant). ¿No te has leído El corazón helado?¿Y las edades de Lulú, su primera novela?, continuó incrédula. Me di cuenta de que había leído ambas; "Las edades de Lulú", en el instituto, a escondidas, como todas mis amigas de entonces (supongo que en aquellos años era el equivalente de las "50 sombras de Grey", pero sin ser basura). Mi primer jefe fue quien me prestó "El corazón helado", y a pesar de que han pasado muchos años, recuerdo cómo el libro no sólo me gustó, sino que disfruté leyéndolo. Sin embargo, no se me había ocurrido relacionar ambos títulos con la autora de Malena. A esas alturas de la conversación, Nora ya me había hecho pensar que, igual, la Grandes no era tan terrible. Pero para burra yo. Así que expuse el siguiente motivo de mi resistencia: la temática omnipresente en muchas de sus obras, la guerra civil española, no suele ser santo de mi devoción. Creo que la literatura y el cine español están saturados con el tema y por hastío, no suelo interesarme en novelas que lo traten.

Poco después de aquella conversación me sorprendí comprando "Los besos en el pan", y gracias a ello, no siendo su mejor obra, a mis ojos apareció otra Almudena Grandes. Así que continué con "Inés y la alegría" para asegurarme de que mi nueva percepción no era un espejismo, a pesar tener un argumento de los que no suelo elegir. Tuve que darle la razón a mi amiga. Me gustó. Mucho. Y, como Forrest Gump, ya no paré de correr hacia Almudena. Le siguieron "El lector de Julio Verne" y, como no hay dos sin tres, terminé sucumbiendo a las "Tres bodas de Manolita". Tenía que hacerlo porque, como otros miles de lectores, me he enganchado a su serie Episodios de una Guerra Interminable. Este ambicioso proyecto comenzó en el 2010 y pretende estar formado por seis novelas centradas en  la posguerra. El último título publicado de la serie, para los interesados, está en las librerías desde el año pasado y lleva por título "Los pacientes del Doctor García".

 "Las tres bodas de Manolita" es una historia coral sobre los años más duros de la inmediata posguerra. En un Madrid pobre y desolado, se despliega un tapiz de vidas y destinos que, de no ser por el conflicto, difícilmente habrían llegado a cruzarse. Algunas de estas vidas son reales, otras imaginarias, pues como en sus anteriores novelas Almudena Grandes juega con los hilos de la ficción y la realidad. Los hechos históricos en los que se apoya para desarrollar la trama, son el envío de dos multicopistas desde el partido comunista en la clandestinidad de Bilbao a sus compañeros madrileños. Así lo explica en el primer capítulo, que a modo de ensayo novelado, introduce al lector en el contexto histórico, informándole, de paso, de que algunos de sus protagonistas son absolutamente reales. Éste es el caso de Roberto Conesa Escudero, un oscuro personaje que forma parte de lo peor de nuestra historia reciente, perteneciente a la temida Brigada político-social de la era franquista y responsable de multitud de detenciones durante el régimen del dictador. Conesa murió en 1994, por lo que personalmente me parece muy valiente, y complicado, atreverse a poner pensamiento a un hombre que murió antes de ayer y cuyo legado sigue andando por la calle (literalmente, pues se dice de este señor que fue el mentor del tristemente célebre "Billy el Niño"). Igual es una cosa rara mía, pero yo siempre he necesitado más tiempo y perspectiva para abordar un personaje. No obstante, en lo que a la ficción de la novela se refiere, el malo cumple con creces su función. Es absolutamente abyecto.

En esta historia los héroes no son convencionales. Su marginalidad y sus distintas relaciones con Manolita les unen, a pesar de sus diferencias. Un homosexual cuyo amor no es correspondido, una bailarina indómita de flamenco convertida en miliciana y hasta un aristócrata anarquista que monta en su palacete una insólita comuna, son algunos de los muchos personajes que desfilan por la novela ante la mirada de su protagonista. Manolita a veces les cede espacio a sus compañeros de reparto, puesto que Almudena Grandes también dedica algunos capítulos a desentrañar sus historias personales y, de paso, deja respirar entre un capítulo y otro a la pobre muchacha, asediada por la fatalidad.

"Dios aprieta y además, ahoga". Es la frase que la vida le ha enseñado a Paco "La Palmera", y que define a la perfección la sucesión de desdichas a las que son sometidos los protagonistas, porque aquí sufre hasta el apuntador. En mi opinión, ésta es la parte más emocionante de la novela, no la del sufrimiento, sino la red de solidaridad que se teje entre completos desconocidos cuando se ven sometidos a una situación extrema. El hambre y la guerra sacan lo peor de las personas, pero también lo mejor, y el ser humano es capaz de encontrar amor y dignidad hasta entre los muros de una prisión, porque eso es lo que nos hace libres a pesar de las penurias. Especialmente conmovedora es la atención que la autora dedica a las mujeres que visitan a sus presos y establecen vínculos en la cola de la cárcel.

En cuanto al estilo de la Grandes no voy a decir nada que os sorprenda: se nota que es perra vieja y tiene muuuchas tablas. Su prosa está repleta de metáforas y relaciones imposibles de conceptos que en su pluma adquieren sentido pleno. Como en las canciones de Sabina. Y aunque la primera sea escritora y el segundo músico, emplean recursos similares a la hora de crear sus símbolos. Esa sucesión de imágenes se demora hasta lo imposible, con párrafos largos, sin puntos a la vista, pero que sin embargo, permiten al lector situarse en el centro del pensamiento de los personajes. Almudena Grandes escribe, y describe, sin seguir una línea recta, de modo que alguien con menos oficio conseguiría que el lector se perdiese entre el bosque de frases subordinadas insólitas.  

A pesar de haberme reconciliado con la autora, si tuviese que ponerle nota a su novela tendría serias dudas sobre si concederle un aprobado alto o un notable bajo, ya que me ha parecido la más floja de la serie. Cuesta un poco entrar en la historia, pero es cierto que, una vez que lo haces, las páginas vuelan solas.

La última de mis reflexiones puede ser extensiva a su serie Episodios de una guerra interminable, que ella misma clasifica dentro del género de novela histórica. Todo lo que narra, como ya se ha mencionado, está basado en la realidad; al final de cada libro explica cuál ha sido su bibliografía de referencia o incluso, a qué personas ha entrevistado. En “Las tres bodas de Manolita”, concretamente, el personaje de Isabel, hermana menor de Manolita, está basado en la vida de una mujer a quien la autora conoció en un acto de homenaje a la República. Porque sí, Almudena Grandes no esconde su tendencia política y proclama orgullosa que es republicana. Para escribir se apoya sus creencias y el corazón, algo que a priori no es malo, muy al contrario, el sentimiento subjetivo es uno de los principales instrumentos de la creación artística. Pero hablando de historia, las creencias, en mi humilde opinión, hacen que a veces simplifiquemos en exceso las cosas. Habiendo señalado el exceso de celo subjetivo de la autora, decir que probablemente contaría con la aquiescencia de uno de los grandes, don Miguel de Unamuno, quien al ser acusado de no ser objetivo en sus planteamientos, se defendió contestando que si era subjetivo se debía que él era un sujeto, siendo del todo imposible que fuera objetivo, no siendo ningún objeto.

¿Y a qué lectores les recomendaría yo este libro? A cualquiera que conozca y siga la trayectoria de Almudena Grandes, para no perderla de vista. A los aficionados a la novela histórica en general e incluso, a algunos aspirantes a escritores, para que tomen nota de los muchos y muy interesantes recursos literarios de su autora.







sábado, 19 de enero de 2019

Medio sol amarillo

Me hace especial ilusión dedicarle esta entrada a una de las autoras con las que más he disfrutado en los últimos meses y de la que me confieso admiradora incondicional. Si yo tuviera Instagram hasta la seguiría. Me refiero a la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, una talentosa escritora que espero nos deje muchas más novelas. De momento tiene cuatro, un par de obras de teatro, un libro de poesías y un brevísimo ensayo que está teniendo mucho éxito y difusión "Porqué todos deberíamos ser feministas". Medio sol amarillo es su segunda novela.


Autor: Chimamanda Ngozi Adichie (1977 - )
Título: Medio sol amarillo
Editorial: Literatura Random House, 2006
Pag. 544

Resumen:

Medio sol amarillo recrea un período de la historia contemporánea de África: la lucha de Biafra por conseguir una republica independiente de Nigeria, y la consecuente guerra civil que segó la vida de miles de personas. Con gran empatía y la naturalidad de una narradora comprometida, Chimamanda Ngozi Adichie recrea la vida de tres personajes atrapados en las turbulencias de la década: el joven Ugwu, empleado de la casa de un profesor universitario de ideas revolucionarias; Olanna, la hermosa mujer del profesor, que por amor ha abandonado su privilegiada vida en Lagos para residir en una polvorienta ciudad, y Richard, un joven y tímido inglés que está enamorado de la hermana de Olanna, una mujer misteriosa que renuncia a comprometerse con nadie. A medida que las tropas nigerianas avanzan, los protagonistas de esta historia deben defender sus creencias y reafirmar sus lealtades. Medio sol amarillo es una novela épica y magistral, que cuestiona el colonialismo, las alianzas étnicas y la responsabilidad moral de un conflicto apoyado por las potencias mundiales.

Reflexiones y disertaciones personales de Criska World sobre Medio sol amarillo

¿Alguna vez habéis visto por la tele, embobados, el patinaje sobre hielo? Siempre me asombra la levedad y la gracia de las patinadoras, que parecen flotar por la pista desposeídas de peso, desplazándose y girando al ritmo de la música. Sus movimientos son fluidos, naturales y aparentemente tan faltos de dificultad que por unos instantes caes en la trampa de pensar que tú también serías capaz de volar por el hielo. Hacen que algo extraordinariamente complicado parezca sencillo. Tuve esa misma sensación la primera vez que leí una novela de Chimamanda, donde las palabras parecen deslizarse sin dificultad por las páginas. Por eso me gusta tanto. Es una narradora eficaz, sincera, carente de afectación y hace que leer sus historias sea un placer sencillo, fácil. Y es que cuanto más leo y escribo más me convenzo a mí misma de que “menos es más”, que la literatura no tiene porqué ser un intrincado laberinto de retórica y complicadísimas metáforas en las que el lector se puede sentir perdido y abrumado. Una historia está tan bien escrita en la medida en la que cualquier lector, independientemente de su edad, formación o ámbito geográfico, sea capaz de sumergirse en ella, hacerla suya, comprenderla. ¿Acaso no va la narrativa de eso: de contar historias que conecten con la gente?

No se me escapa el hecho de que quizás, a algunos de vosotros, el resumen de Medio sol amarillo os ha podido “tirar pa’tras”. Yo misma, de no haber leído la novela “Americanah” y a raíz de ahí haber investigado un poco sobre la autora, hubiera pensado: ¿pero qué me recomienda esta loca? ¿una novela histórica sobre la guerra de Biafra, un país extinto que no sabría situar en el mapa? ¿pero qué voy a tener yo en común con un chaval de una aldea remota o con una mujer de Lagos? Pero creo que si os animáis y decidís asomaros a las vidas de los protagonistas, unas pocas páginas después le habréis cogido cariño a Uwgu, un muchacho trabajador con un afán de superación y una inocencia casi cómica; os sentiréis identificadas con Olanna, culta, independiente y con la necesidad de complacer a todos cuantos la rodean, incluso llegareis a admirar la pasión y determinación con la que Onedigbo defiende sus ideas revolucionarias. Richard os inspirará lástima, tan blanco y tan inglés que se pasa media novela como Hamlet, corroído por la duda y la inseguridad, tratando de buscar su verdadera identidad, mientras que Kainene, áspera y segura, hace tiempo que asumió la suya: la gemela mala; porque Adichie es tan buena dibujando la personalidad de cada uno de ellos que el lector tiene la sensación de oírles hablar, de modo que al finalizar la novela os iríais a tomar unas cañas incluso con ese personaje que al principio os caía un poco gordo. La clave está en la empatía y la sensibilidad con la que los trata, sin despojarlos de su humanidad ni siquiera cuando se ven zarandeados y destrozados por las circunstancias. 

La autora divide la historia en cuatro capítulos. El primero y el tercero se desarrollan a principios de los años sesenta, mientras que el segundo y el cuarto tienen lugar a finales de la década, en pleno conflicto bélico. Ésta estructura no sólo ayuda a contextualizar las circunstancias históricas que dieron lugar a la guerra de Biafra, sino que favorece a la creación y crecimiento de los protagonistas, a los que el lector tiene la oportunidad de observar en su estado natural, comportándose, sintiendo y viviendo el día a día de una rutina pacífica, antes de verse sorprendidos por la guerra.  En este sentido, destacaría la capacidad de Chimamanda para transmitirnos la crudeza de los enfrentamientos, sin suavizar situaciones y a veces pintando imágenes realmente duras, pero nunca recreándose en el morbo o la violencia gratuita. La autora se muestra valiente y crítica a la hora de exponer y analizar el sufrimiento de la población civil, que procede no sólo del hostigamiento y las bombas de las tropas enemigas, sino también de la manipulación e irresponsabilidad de su propio gobierno, haciendo creer a los biafreños que ganarían una guerra perdida de antemano. No trata de esconder el embrutecimiento y constantes abusos de los soldados que debían proteger a su pueblo, aquellos que lucían en su uniforme el medio sol amarillo, el mismo que aparecía en la bandera de Biafra y que da título al libro.

Creo que ante el entusiasmo mostrado desde el principio de la entrada no os quedará ninguna duda de a quien recomendaría esta novela: a todos los lectores, especialmente a aquellos que necesiten un empujoncillo para mirar más allá de su propio entorno. Todos, de vez en cuando, deberíamos echar un vistazo más allá de nuestras fronteras para darnos cuenta de que el talento, afortunadamente, existe a lo largo del vasto mundo. 

Me gustaría hacer una reflexión que nada tiene que ver con la literatura pero que es inevitable cuando tienes en tus manos un libro de una autora africana. En un primer momento me pareció increíble que una pareja nigeriana de los años sesenta tuviera un modo de vida tan similar al mío. Olanna y Onedigbo tienen estudios universitarios, viven en una casa llena de comodidades, montan fiestas con sus amigos y, antes de la guerra, su actitud es despreocupada, tienen problemas parecidos a míos. Acto seguido no pude evitar sonrojarme moralmente al darme cuenta de que mi admiración procedía de la visión sesgada y casi siempre negativa que en el mundo occidental tenemos del continente africano. Pero claro, qué voy a saber yo, si crecí viendo en la tele imágenes de guerra y miseria que servían para que, una vez al año, cuando nos repartían en el cole un sobre azul y blanco de “Manos Unidas” destinado a la recaudación de fondos para los niños de África (así, en general, como si fuera un único país, y no un enorme continente mucho más grande que Europa), nos acordásemos del bombardeo mediático para que el sobre fuera repleto de monedas. Una vez cerrado el sobre no volvía a acordarme de África, al fin y al cabo sólo era una niña. De mayor tampoco pienso mucho en el tema, excepto cuando, por unos pocos segundos, aparece en las noticias otra matanza o la figura de un niño con la tripa como un balón, y ni me molesto en mirar en el mapa dónde vive ese niño o en leer un poco sobre cómo ha llegado a esa situación. Tengo una ligera noción de la historia reciente de Sudáfrica, Mandela y el apartheid, gracias las muchas pelis que se han hecho sobre el tema, sé que el Congo antes se llamaba Zaire porque mi prima tuvo la ocurrencia de bautizar así a su perro, mi visión sobre el genocidio de Ruanda procede de otra película que me conmocionó y como mucho sé algo de los animales que pueblan el Serengueti gracias a los documentales de La2 (por fin, un conocimiento que no tiene que ver con guerras y catástrofes). Podría seguir pero iba a resultar extremadamente vergonzoso a la par que aburrido. 

Terminaré  esta entrada con una anécdota absolutamente real. Hace más de veinte años, contando yo quince entrañables primaveras, para mejorar mi inglés pasé unas semanas con la familia de un pastor protestante en Bedford, al sur de Inglaterra. Tengo un gran recuerdo de ellos, eran extremadamente amables y simpáticos y sentían mucha curiosidad por todo cuanto pudiera contarles de España. Cuando volví a mi casa, entre escandalizada y divertida, le conté a mi familia algunas de las conversaciones que tuve durante mi estancia en aquella casa. En ellas, siete británicos, dos adultos y cinco niños, me sometían a largos interrogatorios que yo no podía entender: ¿teníamos televisión en mi casa? ¿y aparato de vídeo? ¿la gente en España sabe conducir? Se mostraron absolutamente fascinados y algo decepcionados con cada una de mis respuestas: en mi casa había tres teles, dos vídeos y hasta un ordenador y una video consola; la gente es España no sólo sabía conducir sino que incluso algunas familias tenían más de un coche… ¿pero qué diablos les enseñaban en el colegio a los británicos sobre España? LA respuesta vino en forma de libro de texto que un día me enseñó orgulloso el hijo mayor de la familia, que tenía mi misma edad; en su libro los adolescentes de Bedford aprendían español traduciendo frases como ésta: “Cuando vaya a Madrid compraré una peineta y visitaré el Museo del Prado”, “Paco va a la plaza por las mañanas montado en su burro”.

Cada uno que haga sus conclusiones…

Gracias Chimamanda. Por tu maravillosa forma de escribir y de contar historias. Ni te imaginas cuánto estoy aprendiendo contigo.



A modo de postdata os dejo una breve conferencia de la autora que merece mucho la pena, en ella habla de los peligros de los que ella define como “La historia única"

viernes, 26 de octubre de 2018

El maestro del Prado

El libro que comentaré esta semana me tiene francamente descolocada y hasta que desgrane por completo el hilo de mis reflexiones no sabré muy bien cual es el veredicto. El motivo de mis reticencias es profesional, faltando en cierto modo a mi promesa de no ser una sesuda marisabidilla de los arcanos literarios, pero como expliqué en mi primera entrada, si bien tengo un 50% de bibliotecaria, la otra mitad de mi persona se esfuerza por ser una buena historiadora del arte. Soy un raro caso de pluriempleo y por suerte o por desgracia practico ambas profesiones. Pero, me dejo de excusas y paso a colgar la reseña y el resumen "oficial" del "Maestro del Prado" para que entendáis mi mar de dudas:

Autor: Javier Sierra (1971 - )
Título: El maestro del Prado
Editorial: Planeta, 2013
Páginas: 336

Reseña:

Al más puro estilo de los relatos de enigmas de Javier Sierra. El maestro del Prado presenta un apasionante recorrido por las historias más desconocidas y secretas de una de las pinacotecas más importantes del mundo, el Museo del Prado. Una historia fascinante de cómo un aprendiz de escritor aprendió a mirar cuadros y a entender unos mensajes ocultos que difieren de la ortodoxia de la Iglesia católica, una institución que en el Renacimiento era visto más como opresores que como espiritual. Una nueva obra que entusiasmará a los miles de seguidores de Javier Sierra.

Las reflexiones y disertaciones de Criska World sobre el Maestro del Prado



Tengo que confesar que con mucha más frecuencia de la que me gustaría, cuando entro en una librería me abalanzo sobre las ediciones de bolsillo expuestas obscenamente para seducir a las economías más precarias. Fui débil y lo primero que ví fue ese triste 9,99 euros, seguido de atractivas pistas cómo: Museo del Prado, Javier Sierra - cuya trayectoria desconocía a excepción de haber sido galardonado con el Premio Planeta del 2017, circunstancia, a priori, atractiva - y tres páginas con grandilocuentes frases de medios de comunicación sobre la novela , en algunas de las cuales se llega a tachar al autor de erudito del arte. Entre todas estas alabanzas, la que me convenció para adoptar este libro y no otro fue la que sigue: "Un libro que puede cambiar para siempre la percepción del arte del Renacimiento y que, sin duda, se convertirá en referente indispensable para todos aquellos visitantes del Prado que quieren ver más allá de las pinturas", Diario de Pontevedra. Vale que el Diario de Pontevedra no es el New York Times, pero el reclamo fue eficaz y consiguió engancharme. No me molesté ni en mirar la breve reseña.

Nada más llegar a casa me sumergí presurosa en lo que prometía ser una lectura edificante. Lo primero que me sorprendió fue encontrar una historia a modo de diario autobiográfico, narranda, por tanto, en primera persona; de hecho, los acontecimientos "tuvieron lugar" siendo el autor un jovencísimo estudiante de periodismo pero, por motivos que desvela al final, prefirió guardárselos durante casi treinta años. El tejido es simple pero eficaz: deambulando por el Prado al por entonces inocente e inexperto Javier se le aparece un misterioso hombre, el "maestro", quien encuentro tras encuentro va lanzando intrigantes miguitas de pan de manera que, sin darse cuenta, el protagonista termina involucrado en un asunto con tintes sobrenaturales. A lo largo de la trama, o mejor dicho, como parte de ella, Javier Sierra expone los entresijos e intimidades de grandes obras de arte que pueblan el museo, dejando al desnudo todos los supuestos secretos que impulsaron a los grandes maestros en su creación. Y ahí, es cuando la historiadora del arte que llevo dentro empieza a incomodarse. Cuando el misterioso maestro del Prado y su padawan (= alumno, para los no frikis) se sumergen en la investigación de su primera obra - una Sagrada Familia conocida como "La Perla", de Rafael (Sanzio, no la tortuga ninja) - empecé a darme cuenta de qué pie cojea Javier Sierra. Me lancé ipso facto a buscar algo de información sobre él y lo que encontré lo aclaraba todo: el autor ha participado en medios como "Más Allá de la ciencia", fundó la revista "Año Cero" y colabora puntualmente con Iker Jiménez. 

Mencionada muy someramente la trayectoria de Sierra, voy a imaginarme una hipotética conversación con él:

"Mira, Javier Sierra - permite que te tuteé, ya que así lo he hecho con Zadie Smith y Neil Gaimen - te reconozco dos cosas: la primera, una extraordinaria facilidad para contar historias. Escribes muy ameno, de una manera sencilla y cercana, algo que siempre he apreciado, no dejas cabos sueltos y por eso lograrás sumergir a casi cualquiera en la trama. Lo segundo es lo extraordinariamente bien documentado que estás, los amantes de las notas, índices y pies de página se lo van a pasar pirata revisando las últimas páginas y ya quisieran algunos ensayistas estar tan bien preparados cómo tú en tu novela. Pero... aún teniendo muy presente que tu libro es eso, una novela, género literario que se caracteriza por ser una ficción, incluso cuando se basa en hechos reales; aún teniendo esa perspectiva, repito, tenemos un problema de base: tú eres Mulder y yo Scally". 

"No me malinterpretes, yo creo firmemente en las hadas, las meigas y en Harry Potter (y lo digo sin acritud), pero las teorías de la conspiración sacan a relucir la escéptica que hay en mí, y más las manejadas con respecto a la Historia del Arte. Desde mi punto de vista, a pesar del maremagnum documental que aportas, creo que las personas como tú, interesadas en el lado oculto de las cosas, necesitáis siempre ir más allá de las apariencias, porque sino os aburrís, perdéis el interés. Eso no es necesariamente malo, puesto que, de no ser así, el señor Schliemann nunca hubiera descubierto Troya cuando todos le tachaban de loco. Sin embargo, como ya te he advertido, los expedientes X no son para mí, pues por un solo descubrimiento de Troya tenemos miles de palos de ciego y todo tipo de maltratos a la Historia." 

"Los creyentes a menudo termináis forzando las explicaciones y buscando paralelismos que, para los no creyentes como yo, a veces están cogidos por los pelos. Es algo muy humano, te lo reconozco de nuevo, pero cuando estamos convencidos de algo forzamos las señales, como aquella vez en la adolescencia en la que estaba totalmente convencida de que el chico que me parecía tan mono y se sentaba tres pupitres por detrás me había sonreído, cuando en realidad lo que trataba era de componer una extraña mueca para que la profe, siempre vigilante, no le pillase bostezando". 

"Y volveré a ser pesada sobre el hecho de que has escrito una novela, que no un ensayo, pero una vez revisada tu trayectoria es más que probable que, efectivamente, muchas o todas las teorías que expones formen parte de tu religión. De no ser así, ¿para qué tanta referencia y glosario? Parafraseando a tu colega, Iker Jimenez, "¿casualidad? No lo creo..."

"Por mi parte, en lo que a teorías se refiere, siempre he intentado ceñirme a lo que aprendí de uno de los mejores profesores que he tenido, quien siempre nos recomendaba que, a la hora de enfrentarnos a la interpretación de un hecho histórico u obra de arte, de haber varias hipótesis mejor nos quedarámos con la más sencilla, porque esa será la que tenga más visos de ser cierta hasta que aparezca una prueba que la desmonte. No te niego que los maestros del Renacimiento afrontaban su pintura y sus temas desde una óptica que el resto de los mortales no siempre alcanzamos, si no, no serían grandes maestros y el arte sería extraordinariamente aburrido si sólo reflejase lo evidente, algo que tú mismo dices en la pag. 22 de tu libro y con lo que estoy felizmente de acuerdo. Como ves, te aprecio un poquito y te he leído con mucha atención, incluso subrayando algunos pasajes que, si me permites, puedo llegar a usar en algunas de mis clases". 

"Lo que en realidad me da "miedo" de tu maestro del Prado es que todas sus enseñanzas sean tomadas a pies juntillas como veraces y absolutas. Por eso, como dirían los de Camela, "Escúchame, compréndelo, es imposible nuestro amor..." Te confieso que, además, tengo un profundo trauma con novelas que supuestamente desvelan verdades ocultas: viví en mi tierna juventud el, para mí, nefasto horror del "Código da Vinci". Todavía me estoy recuperando de aquello, pero Dan Brown no deja de publicar un disparate tras otro con un inexplicable éxito, lo que aumenta mis secuelas, por eso no puedo asumir con tranquilidad las teorías que planteas, como esa a propósito de La Virgen de las Rocas, también de Da Vinci, en la que, según el maestro del Prado, se desvela el secreto de que realidad existieron dos niños Jesuses gemelos. No te quiero comparar con Dan Brown, tú por lo menos escribes bien, pero esa obsesión por Leonardo es demasiado para una descreída con extrés postraumático."

"Y eso, Javier Sierra".

Pero vuelvo a centrarme en los pacientes lectores de este blog y no voy a demorar más mi conclusión. No os creáis que porque las teorías esotéricas me ponen nerviosa voy a ponerme como el bibliotecario de El Nombre de la Rosa. No. Todos los libros tienen su lector y éste seguro que apasiona a los fans de Cuarto Milenio y Expediente X, también le puede interesar a un aficionado al arte curioso o incluso al lector de novelas de misterio. Ahora bien, sería deseable que todos ellos, si deciden traspasar la línea y creer que esto va más allá de la simple ficción, y es fácil traspasarla, se enfrentasen al maestro con espíritu crítico. Por eso recomendaría su consumo como el alcohol: con prudencia, que las cervecitas están muy ricas pero enseguida se nos puede ir la mano. No aconsejaría a nadie ir corriendo al Museo del Prado con el libro debajo del brazo, eso haría que el niño Jesús, el único que yo conozco, llorase un poquito. 

















martes, 9 de octubre de 2018

American Gods

Como ya adelanté, este blog pretende tocar un amplio abanico de géneros, por ello, con el permiso de Zadie Smith, si su novela Tiempos de Swing constituye la cal, el libro de esta entrada es sin duda la arena: American Gods, de otro británico, Neil Gaiman.

Antes de meterme de lleno a comentar mis impresiones sobre la novela me parece de obligado cumplimiento hablar brevemente de su autor, dándole al lector una idea sobre por donde van a ir los tiros. Para muchos el nombre de Neil Gaiman os será completamente desconocido, pero habéis de saber que este señor cuenta actualmente con una legión de fieles que lo han erigido en un autor de culto dentro del género fantástico y de terror (personalmente creo representa más lo primero que lo segundo). Que me perdonen las mencionadas legiones si me atrevo a hacer la siguiente comparativa para ilustrar su obra ante los neófitos: Gaiman es el Tim Burton de las letras, sus cuentos y novelas siempre están imbuídas de un ambiente y una serie de temas recurrentes que se unen para crear su extraño y fantástico universo personal. También ha tocado el terreno de la novela gráfica (es decir, algo tan "poco serio" como el cómic), de hecho se hizo conocido en los años 80 gracias a la saga de Sandman, de la que me reconozco seguidora. Sí amigos, me habéis pillado: hay una friki en mí... Hay una friki en mí... (la frase hay que imaginarla acompañada de la música de Toy Story para completar la imagen).

Sin más dilación, paso con lo que nos ocupa: 
                                                               

Autor: Neil Gaiman (1960 - )
Título: American Gods
Editorial: Roca Editorial
Páginas: 560

A continuación, transcribo la sinopsis que puede hallarse en la presente edición: 

La vida en la cárcel es dura. Pero siempre queda el rayo de esperanza si sabes que, a la salida, te espera una mujer que te ama, un amigo que te quiere, un trabajo... Todo eso es lo que quiere Sombra, que está a punto de salir de la cárcel. Pero días antes de salir le comunican que su mujer y su mejor amigo han muerto en un accidente de coche. Entonces, contratado por un extraño anciano  experto en timos y estafas que responde al nombre de Wednesday, Sombra empieza un interminable viaje a lo largo y ancho de Norteamérica perseguido por el espíritu de su esposa, en el que descubre el límite entre lo humano y lo divino, y que las reglas que rigen el mundo de los hombres no son las mismas con las que los dioses conducen el mundo.

Las reflexiones y disertaciones de Criska World sobre American Gods


¿Qué ocurre cuando los hombres dejan de creer en los dioses que ellos mismos han creado y empiezan a sustituirlos por otros nuevos? Ésta es la pregunta de la que pudo surgir el germen de toda la historia. Los hombres, desde el principio de los tiempos, sintieron la necesidad de crear dioses que dieran respuesta tanto a los fenómenos naturales como al propio devenir de la existencia, o la ausencia de ésta, pero en un mundo en el que la física explica el rayo y los bosques han sido abandonados y maltratados, el hombre empieza a adorar a nuevos dioses: la tecnología, la televisión o el dinero. Da que pensar ¿no? 

En ésta novela, sin la atención de los hombres, los dioses antiguos sobreviven como pueden. Sólo de la viva imaginación de Gaiman podía surgir un duende irlandés convertido en yonki politoxicómano, una funeraria regentada por dioses del antiguo Egipto, un genio del panteón hindú ocupado en conducir un taxi neoyorkino  o una vetusta diosa del amor dedicada a la prostitución. Suficiente para llamar la atención de uno de los nuevos dioses que denuncia Gaiman: la televisión. De tanto ingrediente junto, el año pasado surgió una serie basada en la novela que nos ocupa. Aún así confío en que el lector siga adorando al antiguo dios del papel impreso y decida coger primero el libro (soy una romántica, qué se le va a hacer...).

Si ésta lucha planteada por el autor trasciende irónicamente incluso a sus páginas, ¿qué pueden hacer las deidades tradicionales sino enfrentarse a las nuevas? Es ahí donde entra el protagonista, Sombra, perfilado como un tipo taciturno, simple y con pocas luces que poco a poco se irá ganando al lector porque en esta historia nada es lo que parece. Sombra ayudará a Wednesday en su cruzada, quien pronto se revelará como el líder de los dioses antiguos, y es que detrás de la identidad de viejo perro timador se encuentra el mismísimo Odín. Juntos emprenderán un largo viaje de reclutamiento en el que se mezcla el folclore tradicional estadounidense con pinceladas de sagas mitológicas tanto occidentales como orientales. Alabaré por ello la labor documental, que, a mi juicio, demuestra un buen conocimiento y respeto por los mitos y leyendas que filtra con maestría en su novela dando lugar a un peculiar realismo mágico en el que dioses y hombres convivirán en un mundo de locos.

Como ya sabrá el lector, toda buena historia tiene sus protagonistas, que en este caso no responden necesariamente a la categoría absoluta de "los buenos", pero también necesita un buen antagonista; en American Gods este papel lo desempeñará el Sr. Mundo, empeñado en destruir al antiguo panteón ayudado por una suerte de sicarios al mas puro estilo "men in black". Esta clase o tipo de "malo" es muy propio del imaginario de Gaiman, quien creo que, al igual que yo, nunca pudo olvidar a los hombres grises que creó Michael Ende en su genial Momo.

No obstante, si bien tanto la idea como su manera de plantearla me sedujeron desde el principio, en ese viaje a lo largo y ancho de norteamérica la historia llegó a parecerme en ocasiones tan errática como sus personajes. Llegué a tener la sensación de que Gaiman no tenía del todo claro a dónde quería llegar y la novela era una sucesión de cuadros que no terminaban de estar completamente cohesionados. Aún así la cosa no fue, ni mucho menos, tan grave como para no terminar el libro o poder decir que no me ha gustado, pero reconozco que estoy un pelín decepcionada porque para los seguidores de Gaiman, American Gods es su biblia. Reconozco que me han gustado más otras lecturas, véase el ya mencionado Sandman o sobre todo su libro infantil más conocido: Los mundos de Coraline, que también cuenta con su propia versión de animación.

No puedo tampoco dejar de mencionar el hecho de que para mí el trasfondo de la historia encierra un gran zasca a la sociedad de consumo norteamericana; de hecho, a lo largo de toda la novela diferentes personajes repiten la misma frase "América no es un país para dioses". El propio autor confiesa en el prólogo que el libro surgió paralelamente a su llegada a los Estados Unidos, tras el primer choque cultural que supuso para él dejar el Viejo Mundo, Inglaterra, para adentrarse en el Nuevo. Gaiman nos plantea una lucha entre los valores antiguos y los nuevos, encarnados por la vieja Europa y los jóvenes Estados Unidos de América, respectivamente.

Una última mención al personaje de la difunta mujer de Sombra que, como una especie d macabro y tierno zombi protector, cuida del protagonista durante todo su viaje. Imposible no acordarnos de la Novia Cadáver de Tim Burton, aunque lejos de copiar, Gaiman más bien parece inspirarse y transformar los elementos para que todo encaje en su universo particular.

¿Quién es el lector indicado para esta original novela? Ese joven devora libros de viva imaginación y algo excéntrico a ojos de sus compañeros; el adulto sin complejos que se haya asomado alguna vez a la ciencia ficción para disfrutar igual que durante su infancia, mientras leía bajo las sábanas La historia Interminable o los cómics de Marvel; el fan de Terry Prachett y su loco Mundodisco; cualquiera que, en fin, solo intente desconectar de su día a día buscando una historia lo más alejada posible a su rutina. Totalmente contraindicado para realistas compulsivos, aficionados a la biografía, el ensayo o lectores unidireccionales de las más crudas historias basadas en hechos reales, novela negra descarnada o relatos de la vida cotidiana; no apto para todos aquellos que creen que Juego de tronos es el título del catálogo de otoño-invierno de Porcelanosa o Roca. Aún así, a todos ellos les animo a poner un Gaiman en su vida, igual hasta les sorprende...

martes, 18 de septiembre de 2018

Tiempos de Swing

Abriré este blog con "Tiempos de Swing",  de la autora británica Zadie Smith, uno de esos libros que yo calificaría como novedad editorial avalada por la crítica. No obstante, no suele ser este el criterio que más utilizo a la hora de decantarme por un libro u otro, en este caso mi elección se basó en el hecho de que una de mis compañeras estuvo enfrascadísima en su lectura durante varios días de verano, de esos en los que los biblitotecarios agradecemos aburrirnos para reencontrarnos con nuestro objeto de deseo. A continuación os dejo la reseña:

Autor: Smith, Zadie (1975-)
Título: Tiempos de swing; traducción del inglés de Eugenia Vázquez Nacarino
Editorial: Salamadra, 2017
Páginas: 430 p.

Este es el resumen oficial o sinopsis que encontrareis en la web de la editorial:

Hijas de matrimonios mixtos, Tracey y la narradora se conocen desde la infancia, son amigas íntimas y comparten el sueño de llegar a ser algún día bailarinas. Sin embargo, su entorno familiar tiende a separarlas: el padre de Tracey está en prisión y su madre la colma de regalos y caprichos, mientras que en casa de la narradora se valoran el esfuerzo y la superación personales, urgida por una madre estricta y solícita. Así pues, a medida que las dos chicas emprenden sus propios caminos, las sutiles diferencias de clase y raza van minando todos los vínculos de confianza y lealtad forjados en la niñez.


Las reflexiones y disertaciones de Criska World sobre "Tiempos de Swing"